Sobre el café y otros males
El otro día, durante una nueva sesión de insomnio auto infringido, me preguntaba qué herramientas podrían funcionar ante el común diagnóstico de cuerpo congelado debido a las ventanas con fugas invernales. Lo lógico que una persona en sus cabales haría es acostarse y envolverse en las cálidas frazadas de la cama, sin embargo, en un espíritu revolucionario que busca sobresalir a como dé lugar, me dirigí a preparar un café para seguir escribiendo con menos frío, no sin antes mirar de forma burlesca y autosuficiente a la estructura acolchada. Durante el trayecto, llegué a la aún más fría cocina. La hipocondría que me afecta desde hace ya varios años miraba la taza guardada dentro del estante, observando de forma microscópica toda la tierra que debe acumular desde que se lavó por última vez hace un par de horas, por lo que volví a remojarla de nuevo. El agua que jugueteaba entre los dedos, como un parque de niños traviesos clavando filosas estacas de hielo en el piso de la piel, term...