Información, Poder y Propaganda en la Era Digital
Introducción
La Era de la
Comunicación y la Información, entendida como un fenómeno contemporáneo
relacionado a la globalización de los medios, es una época que se caracteriza
por la diversificación de las fuentes informativas en un contexto donde prima
la masificación de las redes digitales. En otras palabras, nace en las nuevas
formas de relación social que se establecen dentro de las herramientas que
ofrece el internet, sean estas redes, portales o servicios de todo tipo.
Esta interacción
ha esbozado líneas cada vez más difusas con respecto a la ética que un servicio
tiene con un usuario, según la definición con que se trabajen los nuevos
portales digitales. Por una parte, se habla del internet como un espacio
público donde las personas pueden acceder a redes libres y con derechos y
deberes más o menos equivalentes a los que tendrían en una vida física y
corriente. Sin embargo, y encausando la discusión hacia las nuevas formas de
propaganda y propagación de la información, los mecanismos de control que
acaecen entre los usuarios por medio de fuerzas mayores entran en conflicto con
el propósito principal de las redes libres.
Con lo anterior no se busca realizar una crítica hacia las limitaciones que existen dentro de las acciones realizadas dentro de espacios virtuales, pues queda claro que las leyes deben buscar cierto equilibro y equivalencia dentro de sus distintos campos de interacción. Lo que es menester dentro de esta investigación es realizar un paralelo referente a las formas en que los medios comunicativos afectan la vida personal de una población, y la medida en que estas fórmulas se replican al interior de los nuevos espacios de comunicación. Esto, por medio de la descripción de algunos mecanismos propagandísticos contemporáneos, así como la implicancia de modelos e intereses políticos entre medio, con el fin de responder a la hipótesis que reza sobre la contradicción en la información y su libertad en tiempos recientes.
Desarrollo
No se necesita
indagar mucho en el funcionamiento de los mecanismos publicitarios, tengan
estos la finalidad que tengan, para llegar a la conclusión de que el objetivo
es el usuario por sobre el producto en sí. Es decir, a la hora de ofrecer un
producto o servicio, la función apelativa que se establece entre el medio y la
persona no apunta totalmente al elemento que se intenta promocionar, sino a la
identificación con el potencial usuario que se busca conseguir. Esto se puede
visualizar, por ejemplo, en la forma en que las herramientas se publicitan
apuntando a padres de familia, o productos de línea blanca a mujeres dueñas de
casa, utilizando patrones de consumo que responden a las convenciones sociales
de una comunidad o a simples estereotipos. De cualquier forma, se apela a la
construcción de un estatus quo subyacente.
Los medios de
comunicación no se quedan al margen de esta situación anteriormente expuesta,
entendiendo que la forma en que los noticieros entregan la información
corresponde a una visión parcial, según lo que se alcanza a investigar o lo que
se interesa mostrar. Dicho de otra manera, los medios, sean estos noticieros
televisivos, periódicos o radiales, se apegan a un margen informativo que
involucra las propias creencias de los editores y periodistas, así como la
cobertura que un equipo decide entregar a un hecho en particular. No obstante,
estas dos aristas no son mutuamente excluyentes, pues la cobertura limitada
también puede responder a la ideología de los medios parciales, que intentan
hacer pasar un enfoque personal por un hecho periodístico objetivo,
transformando así la información en propaganda.
El rol que estos
modelos propagandísticos juegan en la civilización responde a las ideologías
que se busca reproducir en esta última, a modo de control de los espacios de
relación humana. Guillen (2004) realiza una lectura de los conceptos entregados
por Michel Foucault al estudiar al sujeto, como alguien que sistemáticamente
construye verdades institucionalizadas (normas) con el fin de incorporarlas a
la sociedad. Dichos preceptos o normas necesitan un emisor que sea capaz de
transmitir las convenciones sociales de un contexto específico, como lo hacían
los medios de antaño al mostrar, por ejemplo, la homosexualidad como una
enfermedad, apostando por una visión cristiana conservadora de los valores
civiles y de paso estigmatizando a una gran parte de la población de aquel
entonces.
Hoy en día,
aquellos principios pueden visualizarse dentro de discusiones políticas e
históricas, donde se encuentra la magnitud de la desinformación existente en
los medios de prensa al tergiversar un hecho según visiones parciales y unas
difusas líneas éticas; pues si definimos la objetividad como las cualidades
intrínsecas de un elemento o acción, todos los medios de información podrían
realizar una cobertura según datos principales o base, pero la problemática
recae en que ninguno es capaz de tomar en cuenta aspectos relacionados al
contexto. En este sentido, la relatividad de un escenario no debe entenderse
como una gama de opiniones radical o ideológicamente distintas, sino como las
maneras de abordar situaciones bajo ópticas distintas que afectan a su
comprensión en un todo, complementando con información que la ilusión de lo
objetivo no es capaz de entregar en medios convencionales.
La forma en que
esta discusión sobre lo objetivo se relaciona con los modelos propagandísticos
es en cuanto se presenta una fracción de una noticia o información general sin
tomar en cuenta factores relevantes, como una cobertura alternativa con
enfoques distintos o con información que el primero no alcanzó a detallar, en
ocasiones por conveniencia ideológica de quien presenta la información
masivamente. Esta situación en una sociedad tecnológica y automatizada adquiere
gran relevancia, debido a que una consecuencia de los avances tecnológicos
corresponde a la instantaneidad de las peticiones que se realizan en un medio
digital, incluidas las formas en que las personas se informan sobre hechos
noticiosos e incluso históricos.
Con respecto al
escenario anterior, la discusión entra en un terreno donde conviene analizar
las formas en que funcionan las redes sociales. Principalmente, antes de
cualquier tipo de interacción social que pueda haber entre una o más personas,
se establece la forma en que un sitio de internet recolecta información por
medio herramientas como Big Data, utilizando cookies y otros datos de sitios
para estudiar la interacción entre las páginas, sus contenidos y los usuarios
en cuestión. En plataformas como YouTube se aplica una lógica similar al
recolectar datos de usuario e interacción, con el fin de recomendar videos y
cierto tipo de contenido que pueda interesar a un determinado perfil de
internauta. Así, dicho mecanismo puede replicarse en formas en que Facebook
recomienda contactos, comenzando una nueva fase en que la información se
relaciona con el usuario, al relacionarlo socialmente con su entorno según
preferencias y actividades personales.
No es de
extrañar que esa lógica ya mencionada sirva como un instrumento de los que los
medios comunicativos puedan sacar provecho; de hecho, un dilema ético que puede
desprenderse al respecto es si estos sitios realmente están comprometidos la
búsqueda de la verdad, en contraposición a la conformidad de la desinformación.
Por ejemplo, al analizar la forma en que YouTube recomienda videos se puede
imaginar el caso hipotético de una persona que cree en teorías conspirativas
falsas, en donde lejos de recomendar algo que pueda ayudar al usuario a
informarse de una mejor manera, el sitio se aprovecha de la actividad del
individuo para hacer que permanezca la mayor cantidad posible de tiempo en la
plataforma; y esto no se logra mediante la recomendación de videos que
presenten un punto de vista válido o carente de falacias comunicativas, pues no
es del interés personal. En cambio, se alimenta la desinformación en base a los
mismo videos que se suben sin un filtro real, que por lo general son más
mediáticos y fomentan un consumo dirigido a la conformidad y el
entretenimiento, pero disfrazado como una plataforma que intenta fomentar el
pensamiento crítico y la libertad de expresión -punto que se estaría coartando
al dar mayor apoyo mediático a temas que generan problemas sociales graves,
como por ejemplo, el apoyo al movimiento antivacunas que se ha viralizado
recientemente-.
Paralelo a la
situación que ocurre con las recomendaciones que se dan en el mundo del
entretenimiento, se encuentra el tema principal del que se hablaba
principalmente en cuanto a la mantención de un estatus quo subyacente, y
es aquí donde es posible relacionar las mecánicas ya mencionadas respecto a los
datos de sitio con los medios de comunicación. Principalmente debe entenderse
que los medios de comunicación, como lo señalaba Pineda (2001), responden a
agendas institucionales que muchas veces son las que proveen de noticias al
mismo tiempo que gestionan la propaganda para modelar las ideas a seguir por la
población, reflexión que el autor extrae al analizar los modelos de propaganda
propuestos por Chomsky. Por consiguiente, los datos que un sitio puede extraer
en relación con los gustos y preferencias de un usuario pueden ser transados
dentro del mismo mercado que vende los problemas y las soluciones. Sin ir más
lejos, el ejemplo más claro es el escándalo de Cambridge Analytica al usar
estos datos obtenidos para enfocar noticias a favor de Donald Trump en Estados
Unidos y Mauricio Macri en Argentina, sin reparar en sus agendas políticas,
sino en campañas meramente publicitarias. Así, los medios informativos se transforman
paulatinamente en medios propagandísticos manejados por instituciones y
corporaciones importantes, pues para tener dicho poder periodístico
convencional se necesita de manera casi obligatoria un capital que sea capaz de
financiar los medios informativos. De esta manera, y en palabras del mismo
autor, el poder lo tiene quien maneja la información.
Finalmente, una persona común podría conocer fácilmente el funcionamiento de estos medios comunicativos con el fin de despertar un interés crítico al respecto. Sin embargo, dicha acción, al realizarse en una escala muy mínima, resulta irrelevante frente a las demás tácticas que pueden manejarse para tener a una población general conforme. Penalva (2002) relacionaba esta acción en base al tratamiento de la violencia en los medios de comunicación, donde la información se inserta dentro de un mercado que busca responder a las preferencias de un consumidor, apelando a la morbosidad de un hecho, más que a las características relevantes que lo hacen importante.
Conclusión
En síntesis,
existen mecanismos periodísticos que poco a poco han ido resignificando la concepción
de información, haciendo casi imperceptible su diferencia con una publicidad o
propaganda. No siempre de un producto o servicio, claro está, sino de ideas y
convenciones sociales que se aprenden por el contacto que una población
mantiene con ellas. Históricamente, los dueños de esta información apuntan a
los espacios masivos donde entregar un mensaje determinado, donde el internet
no es la excepción al revisar los propios sistemas de funcionamiento que la
recolección de datos puede utilizar para los fines que el mercado estime
conveniente.
En consiguiente
con la última línea, cada sistema que esté regulado por agentes que resguarden
la monopolización de un aspecto social tendrá que enfrentar desafíos, algunos
más mediáticos que otros, referentes a la idea de libertad que se espera
publicitar ante un consumidor. Dentro de internet puede hablarse de la
comunidad pública y libre que da pie a su funcionamiento, no obstante, es
menester saber reconocer los negocios e intereses que un individuo puede sostener
sobre otro, lo que no excluye a los medios confiables que informan sobre
realidades… O parte de ellas.
Referencias bibliográficas
Guillen, N. (2004). Relaciones de poder:
leyendo a Foucault desde la perspectiva de género. Revista de Ciencias
Sociales (Cr), 4(106), 123-141.
Penalva,
C. (2002). El tratamiento de la violencia en los medios de comunicación. Alternativas.
Cuadernos de Trabajo Social, N. 10 (2002); pp. 395-412.
Pineda,
A. (2001). El modelo de propaganda de Noam Chomsky: medios mainstream y control
del pensamiento. Ambitos, 6, 191-210.
Comentarios
Publicar un comentario